Aprende a amar tu karma
El karma es uno de los conceptos más malinterpretados de nuestra cultura. Mucha gente lo asocia con un castigo, con una carga o con algo de lo que preferiría librarse, una especie de libro de cuentas cósmico que juzga nuestras acciones. Pero ¿y si el karma fuera más bien uno de los recursos más valiosos que tienes? ¿Y si fuera el fundamento mismo que hace posible una vida con sentido?
Aquí vas a conocer el karma de una manera completamente nueva: como un guía interior, una fuente de claridad y un maestro silencioso que te muestra qué quiere comprender tu alma y a través de qué quiere crecer. Descubrirás:
- qué es realmente el karma y por qué no tiene nada que ver con el castigo ni con la recompensa,
- cómo se forma el karma a partir de tus acciones, tus intenciones y tu motivación interior,
- cómo puedes crear una amistad con tu karma, de modo que se convierta en una brújula para el crecimiento, la libertad y la armonía interior.
Cuando dejas de luchar en contra y aprendes, en cambio, a colaborar con la vida tal como se va desplegando, ocurre un cambio emocionante: las cosas empiezan a fluir con más facilidad, la comprensión llega con más claridad y accedes a una fuerza que nace de un lugar más genuino y profundo de ti.
¿Amar el karma?
A mucha gente le suena completamente descabellado. Pero la verdad es mucho más liberadora de lo que parece.
Vas a ver el karma a través de los ojos de un chamán: qué es realmente, por qué existe y cómo es, de hecho, la fuerza motriz misma que hace posible una vida humana con sentido.
Una vez que comprendes la verdadera naturaleza del karma, puede pasar de sentirse como una carga a convertirse en una de tus fuentes más importantes de claridad, crecimiento y libertad.

¿Qué es el karma, en realidad?
El malentendido más común es creer que el karma es una especie de sistema cósmico de premios y castigos.
Pero eso es completamente falso.
El karma no tiene nada que ver con el castigo ni con la recompensa.
El karma es, sencillamente, un gran depósito vivo de memoria, la suma de todas tus decisiones, acciones, reacciones y experiencias, en esta vida y en encarnaciones anteriores. Son las huellas de quien has sido, de cómo has vivido y de la energía que has creado en tu encuentro con el mundo.
El karma no es nuestro enemigo.
Sin karma no podríamos existir en forma humana. Sin karma, toda la vida volvería a fundirse en la unidad pura, sin contrastes, sin decisiones, sin experiencia, sin posibilidad de crecer. El karma es la estructura misma que hace posible la vida humana.
Cuando aprendes a relacionarte sabiamente con tu karma, se convierte en uno de tus mayores recursos. Si no lo entiendes, o si luchas contra él, ese mismo mecanismo puede llevarte al estancamiento, al sufrimiento y a la limitación.
Karma significa acción
La palabra «karma» viene del sánscrito y significa acción.
Pero no se trata principalmente de lo que haces físicamente.
El karma tiene cuatro dimensiones de acción:
- Acción física
- Acción mental
- Acción emocional
- Acción energética
Todo lo que haces, piensas o sientes, y toda la energía que emites, de forma consciente o inconsciente, en la vigilia y en el sueño, deja una huella en ti. Como pisadas en la arena, esas huellas se quedan como pequeñas cadenas de información en lo que podríamos llamar tu «nube del karma».
Cada pensamiento.
Cada emoción.
Cada intención.
Cada impulso de energía vital.
Todo queda guardado.
En conjunto, esas huellas forman tu karma, la memoria de cómo te has movido a lo largo de tus vidas y de las repercusiones que eso ha tenido.
La intención crea el karma, no la acción por sí sola
Lo más importante en la ley del karma no es qué haces, sino por qué.
Tu intención, la motivación que hay detrás de la acción, es lo que tiene más fuerza.
Dos personas pueden realizar exactamente la misma acción y, sin embargo, crear un karma completamente distinto, según lo que ocurría en su interior al hacerla. Por eso el karma no es moral, no juzga ni es «justo» en el sentido humano. Es neutral, preciso y profundamente inteligente.
El karma solo refleja una cosa:
Cómo afrontaste la vida, en lo exterior y en lo interior.
Cuando entiendes esto, el karma deja de ser un concepto aterrador.
En cambio, se convierte en un mapa, una guía que te ayuda a comprender dónde estás, qué llevas contigo y qué quiere aprender tu alma en esta vida.
El karma es el único concepto universal que describe el trasfondo real y complejo de todo el sufrimiento humano. Pero el karma no es un enemigo.
Pål-Esben Wanvig
En el pódcast El viaje hacia la autorrealización, Amina y yo profundizamos en el karma en el episodio 22, «Karma: las decisiones que dan forma a tu vida» (en inglés), y en el episodio 23, «Sincronicidad kármica y dhármica: las reglas invisibles del juego que gobiernan tu vida» (en inglés).
Por qué la materia no puede existir sin karma
Todo lo que existe en el mundo físico, desde el átomo más pequeño hasta las galaxias más grandes, depende del karma. Sin karma, la materia no podría mantener su forma, sus propiedades ni su estabilidad. Así lo entiende la tradición yóguica, que describe ocho tipos de memoria kármica:
- Memoria elemental
- Memoria atómica
- Memoria evolutiva
- Memoria genética
- Memoria kármica personal
- Memoria sensorial
- Memoria inconsciente
- Memoria consciente
Las cuatro primeras forman el karma colectivo, la memoria sobre la que descansa todo el universo. Las cuatro últimas son el karma individual, que da forma a las experiencias de cada ser humano.
Es este enorme campo de memoria lo que hace que la vida sea, en gran medida, cíclica y repetitiva. Ese es el motor mismo de la evolución: que la naturaleza pueda seguir construyendo, capa a capa, generación tras generación. Pero esa misma memoria crea también una especie de «camisa de fuerza» interior en la que repetimos inconscientemente los mismos patrones una y otra vez.
Solo cuando aprendes a crear distancia entre tú y esta memoria kármica, cuando ya no te identificas por completo con ella, accedes a algo más grande: la realidad existencial, la parte de ti que es alma.
Cómo surge el libre albedrío
Tu libre albedrío no es algo que venga dado.
Surge porque te percibes como un ser separado, como un «yo». Y esa sensación de separación nace de la memoria kármica. Te ves como un individuo aparte porque tu memoria te dice que lo eres.
Por eso es del todo correcto decir que:
El karma es memoria.
Lo que llamas «yo» es, en el fondo, un conjunto de experiencias y huellas de todo tu pasado, no solo de esta vida, sino de todas las vidas que te han formado. Todo lo que has sido alguna vez, desde las formas de vida unicelulares más simples hasta la complejidad de hoy, está guardado en tu banco de memoria interior, la «nube» kármica. Y este archivo lo llevas contigo de encarnación en encarnación, como fundamento para el crecimiento, el aprendizaje y el desarrollo.

Por qué ninguna materia puede existir sin memoria kármica
En realidad, es fácil entender por qué el universo no puede existir sin estas memorias kármicas.
Piensa en la memoria atómica, el preciso «plano arquitectónico» que determina cómo deben estructurarse todos los átomos, cómo funcionan los elementos de la tabla periódica y cómo se comporta la materia.
Sin esta memoria kármica atómica:
- los árboles no podrían crecer
- los animales no podrían vivir
- los seres humanos no podrían existir
- las estrellas y los planetas no podrían formarse
El universo sería pura energía sin estructura, o un estado de unidad pura, como lo era todo antes del «Big Bang», hace unos 14 000 millones de años.
Y cuando un ser humano es capaz de entrar conscientemente en este estado de unidad y disuelve su identificación con su memoria kármica, a eso se le llama verdadero despertar espiritual o iluminación espiritual.
Tu libre albedrío determina tu karma, y tu libre albedrío surge de tu identificación con la separación.
Pål-Esben Wanvig
Evolución, expansión y crecimiento
Para comprender de verdad la naturaleza humana, tenemos que levantar la mirada y vernos dentro del gran panorama cósmico. Todo el universo, todo lo que existe, ha estado en evolución y expansión ininterrumpidas desde el enorme estallido que muchos llaman «Big Bang», hace unos 14 000 millones de años. Las estrellas, las galaxias, los planetas y nuestra propia Tierra han seguido el mismo ritmo de movimiento, desarrollo y cambio constantes.
Y los seres humanos no somos una excepción.
La misma fuerza que hace que el universo se expanda está también en nosotros. Forma parte de nuestra naturaleza. Estamos hechos para crecer, para desarrollarnos, para tender hacia algo más de lo que éramos ayer. La evolución habita en cada una de las células de nuestro cuerpo, en nuestros impulsos, en nuestra curiosidad, en el anhelo de aprender, comprender, crear, amar, sanar y llegar a ser personas más completas.
Visto desde la perspectiva evolutiva, queda claro:
La naturaleza humana anhela la expansión.
Buscamos instintivamente llegar a ser más, y mejores, de lo que ya somos.
No es un defecto nuestro. Es nuestra esencia.
Encontrarás más sobre esto en el artículo «Nuestra expansión interior: ¿por qué queremos llegar a ser algo más y mejor de lo que somos?».
Desde un punto de vista evolutivo, nuestra naturaleza humana anhela y busca un desarrollo y una expansión continuos. Quiere llegar a ser algo más y mejor de lo que ya es.
Pål-Esben Wanvig
Los ritmos de la naturaleza y el crecimiento
Si pudieras preguntarle a un árbol: «¿Por qué creces cada día, desde que brotas hasta que mueres?», el árbol no entendería la pregunta. Porque crecer no es algo que elija. Es la naturaleza misma del árbol. No puede hacer otra cosa que crecer.
Mucha gente olvida que lo mismo vale para nosotros.
Crecer cada día forma parte de nuestra naturaleza fundamental. Cuando cada día aprendemos un poco, comprendemos un poco más, abrimos un poco más el corazón o sanamos un pequeño pedazo de nosotros mismos, avanzamos. Y el progreso, por pequeños que sean los pasos, es una de las condiciones más importantes para que haya un sentido verdadero.
¿Por qué?
Porque el crecimiento nos da una profunda sensación de valía personal. Nos da la vivencia de la plenitud, de llegar a ser más nosotros mismos, más enteros, más vivos. Poco a poco va construyendo una sensación serena, pero firme, de totalidad interior.
Este crecimiento no tiene que ver con el cuerpo.
Tiene que ver contigo como ser humano.
Crecimiento mental. Crecimiento emocional. Crecimiento espiritual.
Es este desarrollo interior, este movimiento diario hacia aquello que anhelan el corazón y el alma, lo que hace florecer la vida.
El sentido depende del crecimiento
Cuando no ocurre nada nuevo en nuestra vida, cuando los días se funden unos con otros y todo sigue por el mismo carril, es fácil caer en un patrón en el que la chispa se va apagando poco a poco. Los pequeños momentos de alegría, de gozo y de inspiración que antes daban color a los días se marchitan lentamente. Pronto quedamos atrapados en una existencia repetitiva en la que un año se parece al siguiente.
Y entonces sucede algo paradójico:
Aunque quizá tengamos «todo» lo que necesitamos (trabajo, familia, seguridad y bienes materiales), podemos sentir un vacío creciente por dentro. Una inquietud sutil. La sensación de que falta algo, sin saber muy bien qué.
A menudo es aquí donde se cuela la crisis de la mediana edad, no como un error, sino como el despertador de la propia naturaleza. Una señal potente de que el alma anhela más profundidad, más verdad y más crecimiento. Encontrarás más sobre esto en el artículo «La crisis de la mediana edad: la invitación de la propia naturaleza al despertar espiritual».
Muchas de las personas que acuden a mí describen justamente esto:
Una sensación de estancamiento.
Una frustración que carcome.
Una apatía y un vacío interiores, silenciosos, que no desaparecen ni siquiera cuando, por fuera, la vida parece ir bien.
Estas personas vienen de todos los ámbitos de la sociedad. Pero hay algo que se repite en casi todas:
No tienen en su vida proyectos que les den crecimiento, desarrollo y dirección cada día. Ningún proceso vivo que las eleve, las inspire o las rete a convertirse en una mejor versión de sí mismas.
En otras palabras:
Su evolución personal está detenida.
Y cuando el crecimiento se detiene, el sentido empieza a desaparecer.
Camina al compás de los ritmos saludables de la naturaleza
Uno de los ritmos más fundamentales de todo el universo es el mismo que ha sostenido toda la vida desde el principio de los tiempos: un movimiento continuo de crecimiento, mejora, expansión y evolución. Los árboles, los animales y todos los demás seres vivos siguen este ritmo de forma instintiva. Son uno con su naturaleza.
El único ser vivo que ha perdido la conexión con este ritmo es el ser humano moderno.
Como chamán, una de las cosas más importantes que hago es ayudar a las personas a volver al pulso propio de la naturaleza. La naturaleza funciona como un diapasón: cuando escuchamos su sabiduría, podemos «afinar» nuestros ritmos interiores y ponerlos en armonía con el profundo equilibrio sobre el que se construye la vida.
Las estaciones son quizá el ejemplo más claro: verano, otoño, invierno y primavera, un círculo eterno en el que la actividad, el descanso y la renovación se suceden en una danza perfecta. Los árboles lo hacen. Los animales lo hacen. La Tierra lo hace.
Pero ¿y nosotros, los seres humanos?
Intentamos vivir en un verano eterno.
Nos mantenemos en una actividad ininterrumpida, con un ritmo alto, mucho estrés y pocas pausas, día tras día, año tras año. El cuerpo y la mente rara vez tienen la oportunidad de sumergirse en el descanso y la recarga naturales del invierno. El resultado puede ser cualquier cosa, desde el estrés crónico y la ansiedad hasta la depresión, el desequilibrio hormonal y el burnout.
Si sientes cansancio o agobio, o estás en pleno burnout, vale la pena reflexionar sobre esto:
- ¿Cómo vives los ritmos de las estaciones en tu propio día a día?
- ¿Dónde está el equilibrio entre el verano y el invierno en tu vida, entre la actividad y el descanso?
- ¿Te das suficientes pausas para respirar, relajar los hombros y regenerarte?
- ¿Con qué frecuencia pones límites, límites amorosos y claros, que protejan tu energía?
Cuando empezamos a vivir más en sintonía con los ritmos de la naturaleza, ocurre algo profundo.
Sentimos más calma.
Más fluidez.
Más sentido.
Más plenitud interior.
Y al contrario:
Cuanto más vivimos en desarmonía con el equilibrio de la naturaleza, más frustrante, pesada y carente de sentido nos resulta la vida. La naturaleza marca la pauta. Nos muestra cómo son en realidad nuestros propios ritmos interiores, porque nosotros mismos somos un producto de la naturaleza.
El camino más eficaz para volver a esa armonía suele ser un proceso de desarrollo chamánico de la mano de un maestro competente. El chamanismo tiene raíces profundas en los ritmos de la naturaleza y abre las puertas a un camino de vida en el que el cuerpo, la mente y el alma pueden volver a respirar al compás del pulso sanador de la Madre Tierra.
Uno de los ritmos más fundamentales que impregnan toda la vida es el movimiento constante hacia el crecimiento, la mejora, la expansión y la evolución. Todo en la naturaleza sigue este ritmo, excepto el ser humano moderno, que a menudo ha perdido el contacto con él.
Pål-Esben Wanvig
El karma es un ritmo natural
El karma no es una amenaza, ni un misterio, ni una sentencia que pende sobre nosotros. El karma es un ritmo natural, quizá el más importante de todos los ritmos que laten en el mundo material y metafísico del universo. Ver el karma como un enemigo tiene tan poco sentido como ver el invierno como un adversario. Ambos forman parte del ciclo de la naturaleza. Ambos cumplen un papel absolutamente necesario.
El karma está tejido en la base misma de tu existencia. Sin karma, sin consecuencia, aprendizaje, experiencia y desarrollo, ni tú, ni yo, ni ningún otro ser vivo podríamos existir. La materia no podría tomar forma. La vida no podría desplegarse. No habría ningún viaje, ninguna evolución, ningún crecimiento.
Así que la gran pregunta es:
¿Por qué la Fuerza Creadora que hay detrás de todo lo que vive ha hecho del karma uno de los ritmos más centrales del universo?
¿Por qué es esta dinámica tan fundamental para todo lo que existe, incluidos tú y yo?
Hace varios miles de años, los taoístas nos dieron una hermosa imagen de esto con la enseñanza del yin y el yang. Esta sabiduría milenaria describe el pulso fundamental de la vida: el movimiento entre expansión y contracción, actividad y descanso, luz y oscuridad, aprendizaje e integración.
El karma sigue exactamente este ritmo.
Nos muestra qué áreas necesitan atención, qué experiencias piden ser comprendidas y dónde anhela crecer el alma. El karma no está aquí para detenerte. Está aquí para afinarte, del mismo modo que las estaciones afinan la naturaleza.
Cuando empezamos a ver el karma como un ritmo, y no como un castigo, se abre una comprensión completamente nueva:
El karma es un aliado.
Un guía.
Un pulso interior que te ayuda a volver a ti.
Los campos de tensión y el karma
El yin y el yang son el latido mismo del universo, la danza eterna de la naturaleza entre opuestos. Las dos fuerzas describen la dualidad de la existencia, no como enemigas, sino como partes complementarias de una misma totalidad, diferencias que se necesitan mutuamente para crear equilibrio.
El yin lleva consigo cualidades como la oscuridad, el descanso, la profundidad, el silencio y lo femenino.
El yang lleva consigo la luz, la acción, el impulso, la expresión y lo masculino.
Los dos nunca están separados. Fluyen el uno en el otro como el día se convierte en noche, y la noche en día. Uno no existe sin el otro. Se sostienen, se equilibran y se transforman mutuamente en un movimiento continuo.
El icónico símbolo del yin y el yang, el círculo dividido por una línea curva, muestra precisamente esto: una interacción viva, una relación en la que dos fuerzas aparentemente opuestas se mantienen en un equilibrio ininterrumpido. Entre ellas se forma un campo de tensión.
Y es precisamente en este campo de tensión donde surge el karma.

El karma, nacido en el espacio entre dos polos
Piensa en un área de tu vida en la que estés afrontando un desafío. Puede ser cualquier cosa, desde inquietud interior hasta problemas de pareja, dificultades económicas, emociones difíciles o síntomas físicos.
Si miras con más atención, sentirás la tensión entre dos polos:
- el desánimo ↔ el anhelo de alegría
- el miedo ↔ el deseo de seguridad
- el estancamiento ↔ el anhelo de crecer
- el control ↔ la necesidad de soltar
Este campo de tensión no es casual. Es un espacio de aprendizaje, un lugar en el que algo en ti intenta desarrollarse.
La forma en que afrontas este espacio, de manera consciente o inconsciente, en la vigilia o en el sueño, es lo que crea tu karma personal.
No como castigo, sino como un eco de la manera en que te abres camino a través de la tensión entre los dos polos.
El yin y el yang describen el flujo de fuerzas entre dos polos. Lo que surge entre estos polos es un campo de tensión, y la consecuencia de este campo de tensión es el karma.
Pål-Esben Wanvig
El campo de tensión: la base de todo crecimiento
Sin estos campos de tensión, el aprendizaje sería imposible.
Sin contrastes, no podríamos experimentar absolutamente nada.
Precisamente por eso el alma elige encarnarse en una vida física:
Para aprender. Para crecer. Para experimentar.
Para atravesar polaridades y descubrir su propia fuerza interior.
El mundo material, con sus limitaciones de tiempo, espacio y cuerpo, funciona como una especie de camisa de fuerza para el alma, pero es una camisa de fuerza necesaria. Es precisamente a través de la limitación como puede surgir la experiencia.
Una vida sin polaridades, sin tensión, sin fricción interior…
…sería una vida sin aprendizaje.
Sin sentido.
Sin dirección.
Sin chispa.
Es la tensión entre el yin y el yang la que crea oportunidades de desarrollo, y patrones kármicos que nos llevan de vuelta a lo que necesita ser comprendido.
Aprende a hacer de tu karma un amigo
El karma no es tu adversario. El karma es la base misma de que existas en un cuerpo y de que tu alma haya podido siquiera entrar en esta vida. Por eso no es necesario ni sensato ver el karma como un enemigo. Más bien al contrario: cuando lo comprendes, el karma puede convertirse en uno de tus aliados más importantes.
Pero, para hacer de tu karma un amigo, primero necesitas un cambio:
de dejar que el karma te gobierne en piloto automático…
a tomar tú el timón.
Cuando el karma te gobierna de forma inconsciente, la vida suele sentirse como un barco en plena tormenta, sin timón ni velas. Los acontecimientos, las reacciones y los viejos patrones que no alcanzas a ver te zarandean de un lado a otro. Los mismos problemas vuelven una y otra vez, en las relaciones, la salud, el dinero, el trabajo o el equilibrio interior. Son los ciclos kármicos: patrones repetitivos que se vuelven cada vez más fuertes cuando se ignoran.
Por eso, hacer del karma un amigo significa asumir la responsabilidad. No de todo lo que te ocurre, sino de cómo lo afrontas.
Hazte responsable de los campos de tensión: la clave de la libertad
Cada día te encuentras en campos de tensión grandes y pequeños, polaridades que tiran de ti, te desafían y, al mismo tiempo, te abren al crecimiento.
Imagina que entras en conflicto con tu pareja o con una buena amistad. Por dentro sientes con claridad la tensión entre dos polos, por ejemplo entre la herida y el deseo de cercanía, entre el miedo y la necesidad de seguridad.
Si vives ese campo de tensión en piloto automático, con los viejos hábitos, patrones y programas subconscientes al mando, a menudo reaccionarás de forma destructiva: quizá con críticas, con ataques o con una discusión. Esas reacciones refuerzan el karma porque no afrontas el tema de aprendizaje. Repites el patrón y creas más de lo mismo.
En cambio, cuando te detienes, te haces cargo de tu reacción y te preguntas:
«¿Qué es lo que en realidad se me invita a aprender aquí?»
entonces empieza la magia. Así es como asumes la responsabilidad kármica. Así es como creces y dejas atrás el patrón.
Porque, si ignoras tus temas de aprendizaje, la presión kármica no hará más que aumentar.
Y cuando la presión sea lo bastante alta, la vida terminará presionándote, ya sea en esta vida o en las siguientes. El karma se puede aplazar, pero nunca eludir.
La presión kármica no es culpa, es una llamada
Todos llegamos a este mundo con cierta presión kármica. Cuanto mayores son los desafíos que afrontamos, ya sea en la salud, en forma de traumas, de conflictos o de desgracias que parecen repetirse, más fuerte es la presión.
Pero eso no significa que tengas la culpa de todo lo que te pasa.
Los accidentes, las enfermedades, las influencias del entorno, los traumas y la genética suelen estar completamente fuera de nuestro control. No eres responsable de todo lo que ocurre, pero sí eres responsable de cómo lo afrontas.
Es en el campo de tensión entre lo que ocurre y la forma en que eliges reaccionar donde se forma tu karma.
No siempre eliges los desafíos.
Pero siempre eliges cómo quieres afrontarlos.
Y en esa elección están tu fuerza, tu libertad y la clave para hacer de tu karma un amigo.
No eres responsable de todo lo que te ocurre, pero sí eres responsable de cómo manejas el campo de tensión que surge a través de los problemas y las polaridades que vives; en otras palabras, de lo que piensas, de lo que sientes y de cómo actúas en relación con ellos.
Pål-Esben Wanvig
La sanación de tu karma
En esencia, sanar el karma es mucho menos místico de lo que mucha gente cree. No se trata de rituales complicados, de limpiezas energéticas rápidas ni de métodos «vistosos» que prometen borrar el equipaje kármico en un instante. La sanación llega cuando te abres a aprender lo que la vida intenta mostrarte y a crecer más allá de lo que un día creó la presión kármica.
A esto lo llamo tus temas de aprendizaje en esta encarnación: las áreas interiores en las que el alma te invita a madurar, a comprender y a cambiar.
Un ejemplo de mi propio viaje
Uno de mis temas de aprendizaje más importantes tenía que ver con el amor, más concretamente con cómo funcionaba yo en las relaciones de pareja. Antes de conocer a Maria, todas mis relaciones seguían el mismo ciclo:
El primer año: todo era mágico, nuevo y emocionante.
El segundo año: la relación perdía fuerza y se volvía más neutra.
El tercer año: todo empezaba a desmoronarse y, al final, terminaba en ruptura.
Tras seis meses solo, el mismo ciclo volvía a empezar, con una nueva pareja, pero con las mismas dinámicas.
Probablemente este patrón habría continuado durante muchos años si no hubiera conocido a un mentor que me vio por dentro y me dijo lo que necesitaba oír:
«Tienes que desarrollarte para poder estar en una relación de pareja sana, estable y feliz».
Hasta entonces, la presión kármica me había gobernado en piloto automático. Reaccionaba como siempre lo había hecho, y el resultado era el de siempre: dolor, rupturas y un desamor que se repetía una y otra vez.
El karma cede cuando te haces responsable de tus temas de aprendizaje
Todo cambió el día en que me di cuenta de que el problema no eran mis parejas. El problema eran los patrones dentro de mí.
Y que lo único que podía liberarme era mi propio crecimiento.
Cuando por fin comprendí mi tema de aprendizaje y me puse manos a la obra, empezó el cambio. Pero no fue fácil. Exigió un autoconocimiento honesto, trabajo duro, paciencia y voluntad de enfrentarme a facetas de mí mismo que hasta entonces había evitado. Exigió que cambiara mi conducta, mis hábitos, mis reacciones y mi manera de amar.
Ningún atajo esotérico podría haberlo hecho por mí. No puedes «borrar» la memoria kármica sin tomar nuevas decisiones y aprender lo que hay que aprender. Es el propio aprendizaje lo que transforma el karma.
Cuando creces, la vida se abre
Unos meses después de completar mi proceso de aprendizaje, conocí a Maria, con quien hoy llevo más de dos décadas felizmente casado.
No fue casualidad. Fue resonancia.
Cuando cambias el patrón dentro de ti, cambia la vida a tu alrededor.
Cuando sanas tu tema de aprendizaje, sana el karma que te llevó hasta él.
Y cuando asumes la responsabilidad de tu propio crecimiento, abres espacio para una vida con más seguridad, amor, sentido y paz interior.
Es casi imposible borrar el propio karma sin tomar nuevas decisiones conscientes y aprender lo que hay que aprender.
Pål-Esben Wanvig
Aprende a amar tu karma
La vida cambia a un nivel profundo el día en que dejas de luchar contra los ritmos de la naturaleza y del universo y empiezas, en cambio, a colaborar con ellos. Aun así, me encuentro con muchas personas que, sin saberlo, se resisten a estos ritmos. Algunas lo hacen por ignorancia. Otras, porque los pasan por alto. Y muchas, porque viven, sin darse cuenta, según un principio de «quiero las cosas a mi manera».
Pero vivir así es como intentar remar contracorriente en un río caudaloso. Te agotas, pierdes el ánimo y todo te supera, no porque hagas algo mal, sino porque trabajas en contra de la corriente misma de la vida.
En la enseñanza de las runas encontramos un hermoso recordatorio de esto en la runa Laguz. Representa el fluir natural del agua, el Río de la Vida, el río que todos los seres humanos recorren en su existencia material. El río está moldeado por los ritmos de la naturaleza y del universo. Nunca está del todo quieto, nunca es del todo igual, pero siempre nos sigue llevando.
Nuestra tarea no es luchar río arriba, ignorando estos ritmos u oponiéndonos a ellos. Nuestra tarea es aprender a fluir con el Río de la Vida, con sabiduría, humildad y el corazón abierto.

Wu Wei: cuando la acción se convierte en una prolongación natural de la propia vida
En la sabiduría taoísta hay un principio que resuena profundamente tanto con Laguz como con el Río de la Vida: el Wu Wei. A menudo se traduce, de forma algo seca, como «acción sin esfuerzo», pero el Wu Wei es en realidad un fenómeno mucho más vivo, poético e intuitivo. Se trata de dejar que la acción brote de forma natural de los ritmos de la vida, en lugar de presionar, forzar o intentar controlar la existencia solo con la voluntad.
El Wu Wei es el arte de estar alerta y presente en el momento, de escuchar, percibir y responder a lo que ocurre, sin lucha interior. No significa pasividad. Significa fluir.
Cuando practicamos el Wu Wei, cesa la eterna resistencia interior. Dejamos de remar con crispación contra la corriente y nos dejamos llevar, más bien, por el movimiento natural de la vida. Entonces sucede algo sorprendente: las decisiones se vuelven más claras, la resistencia se disuelve y sentimos que la vida se abre con una fuerza suave y serena que se siente a la vez verdadera y acertada.
Por eso el Wu Wei es un ideal taoísta para los sabios y los iluminados, pero también una forma práctica, con los pies en la tierra y profundamente sanadora de afrontar el karma, las polaridades y el Río de la Vida. Es el arte de vivir en armonía con la corriente que ya te lleva.
Amar los ritmos, también los que nos desafían
El Río de la Vida tiene muchas fases:
- tramos tranquilos que nos dan descanso,
- tramos armoniosos que nos dan equilibrio,
- y tramos turbulentos que nos desafían, nos sacuden y nos impulsan a seguir adelante.
De lo que se trata en la vida no es de evitar las polaridades, sino de aprender a vivir en diálogo con ellas. De reconocerlas. De usarlas como motor de aprendizaje, crecimiento y desarrollo.
Cuando comprendemos estos ritmos y vemos que no son adversarios, sino maestros, se produce un cambio importante:
Empezamos a amar la corriente misma de la vida. No porque siempre sea agradable, sino porque nos da justo las experiencias que el alma vino a explorar.

Una vida sin luchar contra la corriente
No hay ninguna razón para que tu vida esté llena de sufrimiento innecesario. A menudo el sufrimiento surge precisamente porque tratamos el Río de la Vida como a un enemigo, como algo contra lo que hay que luchar, que hay que controlar o moldear a nuestra voluntad.
Pero cuando, en cambio, te abres a los ritmos que habitan en ti y a tu alrededor, ocurre algo completamente distinto:
Empiezas a fluir, no como una hoja pasiva, sino como una persona despierta que cocrea, que entiende la corriente y se mueve con ella.
Esto no significa que la vida vaya a estar libre de fricciones. Tampoco debe estarlo.
Las polaridades, las zonas tranquilas y las turbulentas, son el combustible mismo del aprendizaje y de la evolución personal. Así es como creces, como comprendes, como te desarrollas desde que naces hasta que mueres.
El karma como fundamento del sentido
Sin el karma, la consecuencia de tus acciones, el sentido no podría existir. Porque el sentido solo surge cuando aprendemos, crecemos, integramos y seguimos avanzando.
Así que el karma no es algo que te frene.
El karma es lo que hace posible el crecimiento.
El karma es lo que da profundidad a la experiencia.
El karma es lo que convierte tu vida en algo más que un viaje al azar. La convierte en un viaje con sentido.
La vida no consiste en evitar las polaridades, sino en vivir con ellas, aceptarlas y aprovechar los distintos campos de tensión como inspiración y motivación para aprender y vivir la vida que has venido a experimentar aquí junto con tu alma.
Pål-Esben Wanvig
Hace falta un maestro
Aprender a fluir con el Río de la Vida, amar tu karma, comprenderlo y usarlo como tu maestro más leal en el viaje que recorre tu alma es, en teoría, bastante sencillo. Pero en la práctica puede ser uno de los procesos más exigentes de una vida humana.
No porque te falten capacidades, sino porque el ego siempre luchará por conservar lo conocido. El ego teme el cambio más que ninguna otra cosa, y hará todo lo que pueda por mantenerte en viejos patrones, viejas historias y viejas limitaciones.
Por eso necesitamos ayuda.
Si sientes que ha llegado el momento de comenzar el viaje épico del alma en esta vida, encontrar un maestro competente que pueda acompañarte en este proceso que te cambia la vida es un regalo inestimable. Alguien capaz de sostener el espacio para ti, de ser tu espejo, de retarte y de llevarte más hondo de lo que puedes llegar por tu cuenta. Encontrarás más sobre esto en el artículo «Cuando la vida se siente vacía y sin sentido: ¿te animas a comenzar el Viaje Épico del Alma?».
Porque este viaje es el más importante que emprenderás jamás.
Personalmente, una de mis mayores alegrías es acompañar a mis estudiantes a lo largo de un profundo proceso de desarrollo chamánico primordial que a menudo da forma al resto de su vida.
Es un viaje que exige honestidad, valentía y voluntad de cambio, pero que devuelve claridad, libertad, fuerza y una comprensión completamente nueva de quién eres en realidad.

Un viaje para liberarte
Espero que esta introducción breve y simplificada a un tema tan fascinante haya encendido una chispa en ti, una chispa que te inspire a hacer tuyo, de forma activa y consciente, el viaje de tu alma. Porque en el momento en que puedes decir, con honestidad y apertura: «Este es mi karma», ocurre algo decisivo.
En ese mismo momento también dices:
«Soy responsable de sanar mi karma».
Es entonces cuando empieza el verdadero viaje. Es entonces cuando das el primer gran paso hacia la libertad, la libertad de soltar viejos patrones, de crecer más allá de viejas limitaciones y de avanzar hacia la vida que tu alma siempre ha sabido que eres capaz de vivir.
Este es el viaje de vuelta a ti.
Y nadie puede recorrerlo por ti, pero puedes elegir empezarlo hoy.
¿Quieres profundizar? En mi blog y en el pódcast El viaje hacia la autorrealización tratamos con más detalle los temas de este texto. Y si quieres recorrer el camino, empieza en la Escuela Chamánica Yggdrasil con nuestro curso gratuito en línea sobre chamanismo primordial: El camino de la naturaleza hacia la libertad y la autorrealización. Ningún camino podría empezar de forma más sencilla. Hasta dónde llega, lo decides tú.
Este contenido no sustituye la atención médica profesional de un médico u otro profesional de la salud, y no pretende ser un tratamiento médico. Si tienes una enfermedad, acude siempre primero a un médico.






