El karma y los ciclos kármicos pueden crear sufrimiento y problemas: así puedes romperlos y encontrar una vida con un sentido profundo
¿Por qué se repiten los mismos desafíos en tu vida, en las relaciones, la salud, la economía o el equilibrio interior? A menudo la respuesta son los ciclos kármicos: los patrones invisibles que reflejan los temas de aprendizaje del alma y que crean problemas recurrentes hasta que entendemos qué tenemos que aprender de ellos.
Igual que la naturaleza sigue sus ritmos, el día y la noche, las estaciones, las fases de la luna y el ciclo del sol, nuestras vidas también siguen un orden cósmico más profundo. Cuando comprendemos los ciclos, empezamos a comprendernos a nosotros mismos.
En este texto exploramos qué es realmente el karma, cómo se forman los ciclos kármicos, cómo influyen en tu vida y, lo más importante: cómo puedes sanarlos y crear una vida con más sentido, libertad y armonía interior.
En la naturaleza todo se mueve en ritmos y ciclos. La Tierra gira. Los planetas siguen sus órbitas milenarias. Las estaciones cambian sin esfuerzo del verano al otoño, del invierno a la primavera. El día nace de la noche, y la noche regresa al día. El mar se retira y vuelve en una eterna respiración de pleamar y bajamar. La luna crece, se llena, mengua y vuelve a nacer.
Estos ciclos no solo existen a nuestro alrededor. También viven en nosotros.
Nuestro cuerpo, nuestras emociones y las etapas de nuestra vida siguen, cada uno, sus propios ritmos interiores. Y entre esos ritmos interiores hay una categoría muy especial: los ciclos kármicos.
Los ciclos kármicos son los patrones que reflejan tu karma de una forma práctica, tangible y a menudo sorprendentemente precisa en la vida cotidiana. Se manifiestan como situaciones, relaciones y desafíos que vuelven con distintas formas, no para castigarte, sino para ayudarte a comprender, crecer y sanar aquello que tu alma vino a aprender aquí.
¿Qué es el karma?
La palabra karma procede del sánscrito y significa acción. Aun así, el karma es uno de los conceptos más malinterpretados de nuestra cultura moderna. Muchas personas lo ven como una especie de libro de contabilidad cósmico, un sistema que mide si te has portado «bien» o «mal» y que te premia o te castiga en consecuencia. Otras ven el karma como una lucha entre el bien y el mal, en la que un poder superior decide quién merece la felicidad y quién debe sufrir.
La verdad es mucho más profunda, y mucho más liberadora.
Según la tradición yóguica, de más de 5000 años de antigüedad, el karma no tiene nada que ver con el castigo, la recompensa ni el juicio moral. El karma es sencillamente la consecuencia de cómo has vivido, en esta vida y en encarnaciones anteriores. Es un eco natural de tus actos, tus intenciones, tus patrones y tus decisiones.
El karma no existe para juzgarte.
Existe para despertarte.
El karma, y los ciclos kármicos que lo acompañan, ponen de manifiesto precisamente los temas que tu alma desea explorar, comprender y sanar en esta encarnación. Sacan a la luz lo que necesita atención, para que tengas la oportunidad de crecer, liberarte y acercarte a tu potencial real.
Si quieres profundizar en el karma y los ciclos kármicos, te recomiendo el pódcast El viaje hacia la autorrealización, donde Amina y yo los tratamos a fondo, entre otros, en el episodio 22, «Karma: las decisiones que dan forma a tu vida» (en inglés), y en el episodio 23, «Sincronicidad kármica y dhármica: las reglas invisibles del juego que gobiernan tu vida» (en inglés).
El karma no tiene nada que ver con castigos ni recompensas ligados a los actos. El karma es solo una consecuencia de cómo has vivido la vida en esta encarnación y en las anteriores.
Pål-Esben Wanvig

La presión kármica
Cuando empiezas a comprender los temas de tu vida, y no solo los comprendes con el intelecto, sino que los vives en la práctica a través de tus decisiones, tus actos y tu crecimiento interior, el karma empieza a disolverse de forma totalmente natural. Ocurre por sí solo, como el hielo que se derrite con la luz del sol.
Pero cuando, por distintas razones, no estamos dispuestos a aprender, a crecer o a afrontar los ámbitos en los que el alma quiere que trabajemos, ocurre algo importante:
Se acumula una presión kármica.
Esa presión no es un castigo. Es una señal, una forma de intensificación interior que crea cada vez más estrés, inquietud, fricción y problemas en la vida. Con el tiempo se vuelve tan fuerte que ya no podemos ignorarla. Nos empuja hasta un umbral en el que tenemos que buscar comprensión, encontrar soluciones y asumir la responsabilidad de lo que crea el sufrimiento.
Y si no lo hacemos en esta vida, la presión kármica nos acompaña a la siguiente encarnación, y a la siguiente, hasta que el alma ha aprendido e integrado de verdad lo que vino a experimentar aquí.
Por eso el karma no es algo negativo.
Es un mecanismo universal que nos apoya y que se asegura de que no podamos huir de los temas de aprendizaje que el alma ha elegido para esta encarnación. Nos ayuda a crecer, incluso cuando nos resistimos.
Porque una cosa es segura:
Cuanto más intentamos evitar, reprimir o ignorar estos temas, más fuerte se vuelve la presión, y mayores son el estrés y el sufrimiento.
Estar en medio de todo esto sin entender lo que ocurre puede ser duro y abrumador. Puede parecer que la vida aprieta sin que sepamos por qué.
Es justo entonces cuando ha llegado el momento de buscar ayuda.
Comenzar el viaje épico del alma, por ejemplo a través de un profundo proceso chamánico primordial de desarrollo y despertar espiritual, puede ser el punto de inflexión que abra la puerta para salir del sufrimiento y entrar en la claridad, el sentido y la libertad. Encontrarás más sobre esto en el artículo «Cuando la vida se siente vacía y sin sentido: ¿te animas a comenzar el Viaje Épico del Alma?».
El karma no es algo negativo. Es solo un mecanismo universal que te ayuda para que no puedas evitar ocuparte de los temas de aprendizaje que el alma trae consigo a esta vida.
Pål-Esben Wanvig
No podemos existir sin karma
El karma es el único principio universal que describe de verdad el trasfondo profundo y complejo del sufrimiento humano. Pero una cosa debe quedar clara:
El karma no es un enemigo.
No está aquí para castigarte, limitarte ni complicarte la vida. Al contrario: ni siquiera podríamos existir sin karma. Sin karma, toda la vida estaría disuelta en la unidad pura, sin forma, sin experiencia, sin posibilidad de desarrollo. Es el karma lo que crea la forma, los contrastes, las decisiones, las consecuencias y, con ello, la base misma de la vida humana.
Cuando aprendes a relacionarte con el karma de forma sabia y constructiva, se convierte en uno de tus mayores recursos, una pieza que explica el sufrimiento y, al mismo tiempo, te muestra el camino hacia la libertad interior, el sentido y una vida plena.
Pero si malinterpretas el karma, lo ignoras o te resistes a él, ese mismo mecanismo puede convertirse en tu camino seguro hacia el sufrimiento, el estancamiento, la ansiedad, la depresión, el embotamiento, el vacío y la desesperanza.
Por eso, la cuestión no es si el karma es «bueno» o «malo».
La cuestión es cómo te relacionas con él.
Lo que significa realmente el karma
Karma significa, por tanto, acción, pero no principalmente acción física. El karma abarca todo lo que haces con todo tu universo interior y consta de cuatro dimensiones:
- Acción física
- Acción mental
- Acción emocional
- Acción energética
Todo lo que haces, de forma consciente o inconsciente, en la vigilia o durante el sueño, deja en ti rastros o improntas a través de estas cuatro dimensiones. Como huellas en la arena.
Y esas huellas no desaparecen.
Se almacenan como pequeñas cadenas de información en lo que podemos llamar tu «nube del karma», un campo vivo de memoria que te acompaña a lo largo de esta vida, y en las siguientes.
El karma es la suma de todos los rastros que llevas contigo, de todas las improntas que quedan de lo que has hecho, pensado, sentido y vivido a lo largo de la vida. Cada acción física, cada pensamiento, cada emoción, cada reacción y cada impulso de energía vital deja una pequeña huella en ti.
Juntas, esas huellas forman un campo vivo de memoria.
Eso es tu karma.
No es un juez ni un castigo, sino un archivo de tus experiencias, una biblioteca guardada en lo profundo que muestra las consecuencias de la motivación que hay detrás de tus pensamientos y tus actos, lo que has aprendido y lo que tu alma todavía desea comprender y a través de lo cual quiere crecer. Es la memoria de los efectos de toda tu historia interior, y la base del viaje en el que te encuentras ahora mismo.
Ayuda para aprender y crecer
El alma se encarna por muchas razones, pero hay una que siempre está en el centro:
El deseo de experimentar, aprender y crecer.
Cuando el alma entra en una vida humana, en cierto modo lo vive como una camisa de fuerza, un estado en el que está atada por el tiempo, el espacio, el cuerpo y los recuerdos olvidados. Pero, al mismo tiempo, es una oportunidad única. Solo aquí, en esta forma limitada, puede el alma experimentar lo que es imposible en su estado natural y sin límites.
Solo a través de una vida humana puede el alma experimentar:
- el sabor de una fresa
- el calor del amor
- la punzada de los celos
- la vulnerabilidad del miedo
- la fuerza de la empatía
- el crecimiento que se esconde en los problemas y la enfermedad
Todas son experiencias que solo existen en el mundo de la dualidad, y precisamente por eso estamos aquí.

El crecimiento continuo es nuestra naturaleza
Si los actos no tuvieran consecuencias, la vida perdería su sentido. Podrías hacerlo todo, o nada, sin que eso influyera en absoluto. A primera vista puede sonar tentador, pero piénsalo un momento:
¿Cómo sería la vida si nada de lo que hicieras importara?
¿Y si pudieras pasarte el día entero en la playa, comer cualquier cosa, ignorar todas tus obligaciones y no enfrentarte jamás a un solo desafío, sin que nada de eso tuviera consecuencias?
La verdad es que una vida así sería vacía, plana y, con el tiempo, profundamente carente de sentido.
La ciencia muestra con claridad lo que les ocurre a las personas que nunca pueden probar algo nuevo, usar sus talentos, encontrar resistencia ni enfrentarse a retos:
Perdemos la chispa.
Perdemos la vitalidad.
Nos perdemos a nosotros mismos.
Es como un músculo que nunca se usa: al final se atrofia.
El karma, que en su forma más sencilla es la consecuencia de nuestros actos, no es un castigo.
Es la estructura misma que hace posible el desarrollo.
Sin karma no existiría el aprendizaje.
Sin aprendizaje no existiría el crecimiento.
Y sin crecimiento no podríamos experimentar el sentido.
En nuestra naturaleza humana hay una verdad profunda:
Estamos hechos para crecer, aprender, expandirnos y aspirar a más.
Si quieres entender mejor por qué el crecimiento continuo es una parte fundamental de lo que somos, encontrarás más claves en los artículos «Nuestra expansión interior: ¿por qué queremos llegar a ser algo más y mejor de lo que somos?», «Aprende a amar tu karma», «La inteligencia de los árboles: nuestros guías naturales hacia una vida plena y feliz», «El arte de vivir según los ritmos saludables de la naturaleza», «Cuando la vida se siente vacía y sin sentido: ¿te animas a comenzar el Viaje Épico del Alma?» y «¿Cuál es el sentido de la vida?».
Sin el karma, que dicho de forma sencilla es la consecuencia de todos nuestros actos, no podría existir el sentido, ya que está en nuestra naturaleza humana aprender, crecer y expandirnos continuamente.
Pål-Esben Wanvig
Los ciclos kármicos
En esta vida, el karma no se manifiesta solo a través de hechos aislados, sino a través de ciclos kármicos. Son patrones vitales recurrentes, de duración variable, en los que los temas de los que hasta ahora has evitado aprender, o a través de los cuales has evitado crecer, se vuelven poco a poco más fuertes, más claros y más exigentes. Llaman a tu puerta una y otra vez, hasta que por fin abres.
A lo largo de los años, tanto en mi propia vida como en mi trabajo con clientes y estudiantes, he visto cómo los ciclos kármicos pueden aparecer en casi cualquier ámbito de la vida. No son casualidades. Son maestros, pero a menudo maestros muy exigentes.
Algunos ejemplos que muchas personas reconocerán:
- Relaciones:
Atraes a una pareja que no te conviene. La relación termina y, al cabo de un tiempo, estás en una nueva relación con casi exactamente las mismas dinámicas. El ciclo se repite. - Burnout:
Sufres un burnout. Descansas, te recuperas, vuelves a empezar y, tras un tiempo trabajando, vuelve a ocurrir lo mismo. El mismo colapso, la misma espiral oscura. - Economía, salud y accidentes:
Vuelven los mismos tipos de problemas. Situaciones nuevas, el mismo patrón. - La fricción recurrente de la vida:
Te encuentras con el mismo tipo de conflicto, obstáculo o dolor en varios ámbitos a la vez: en casa, en el trabajo, en las relaciones. - Adicción:
Incluso después de periodos de avance, algo vuelve a arrastrarte hacia aquello que intentabas dejar atrás. - Desarrollo personal que se viene abajo:
Haces un esfuerzo, vives un florecimiento, todo parece luminoso y, aun así, al cabo de un tiempo, vuelves a caer en el mismo patrón de siempre. Una montaña rusa de altibajos.
Son solo algunas de las formas en que se manifiestan los ciclos kármicos.
El denominador común es siempre el mismo:
Si no cambiamos la causa, el patrón volverá.
Los ciclos kármicos no se repiten para castigarnos, sino para llamar nuestra atención, para que podamos despertar, comprender, aprender y, por fin, liberarnos de lo que nos frena.
Los ciclos kármicos no se detienen por sí solos
Los ciclos seguirán repitiéndose, una y otra vez, hasta que estemos dispuestos a aprender lo que intentan mostrarnos y a crecer más allá del patrón, de las decisiones, de los actos y de las causas que los crearon en un principio. No desaparecen porque lo deseemos, porque lo esperemos ni porque los ignoremos. Solo desaparecen cuando cambiamos.
Porque el alma nunca renuncia a sus temas de aprendizaje.
Es paciente, infinitamente paciente, y seguirá invitándonos a volver al aprendizaje hasta que escuchemos. Cuánto tiempo dejamos que los ciclos marquen nuestra vida no lo deciden el destino, la suerte ni la mala suerte.
Lo decidimos nosotros.
Somos nosotros quienes elegimos durante cuánto tiempo dejamos que los ciclos kármicos gobiernen cómo vivimos y experimentamos nuestra vida. Y cuando por fin decidimos aprender, comprender y crecer, el ciclo empieza a disolverse, capa a capa, hasta que nos encontramos más libres, con más claridad y más cerca de nuestra verdadera naturaleza que nunca.
El mismo tipo de problema se repite en un ciclo si no cambiamos las causas por las que surgen los problemas. Así puedes reconocer los distintos ciclos kármicos en la vida.
Pål-Esben Wanvig
Mis desafíos
A lo largo de mi vida he tenido mi parte de desafíos, muchos de ellos en forma de ciclos kármicos que se repetían una y otra vez, hasta que comprendí lo que intentaban enseñarme.
Durante muchos años tuve problemas de salud. Las infecciones se sucedían sin parar, y algunas de las más duras fueron las neumonías y las bronquitis repetidas. Entre dos y cuatro veces al año quedaba fuera de combate, y casi siempre acababa con tratamientos de antibióticos.
Solo cuando encontré y sané la causa más profunda de este ciclo kármico, mi cuerpo empezó a recuperar el equilibrio. ¿Era culpa mía enfermar? No. Pero tenía el poder de encontrar a las personas adecuadas que podían ayudarme a salir de ese patrón.

Un ciclo de relaciones de pareja fallidas
Otro ámbito en el que repetía los mismos errores era el de la pareja. Solía bromear diciendo que era un «analfabeto» en el arte de crear una relación de pareja feliz. El patrón era siempre el mismo: el primer año era una burbuja de enamoramiento, el segundo nos deslizábamos hacia una amistad y el tercero todo se venía abajo.
Solo cuando empecé a trabajar los temas de aprendizaje que había detrás de este ciclo kármico, entre ellos los celos, todo empezó a cambiar. Hoy llevo más de dos décadas felizmente casado con mi esposa, Maria. Eso dice mucho.
El ciclo del burnout
El tercer ciclo de mi vida, y quizá el más dramático, fue el burnout.
Mi primer «miniburnout» llegó ya cuando tenía veintitantos años. Dirigía un club deportivo, estaba en la selección nacional, tenía tres trabajos y estudiaba ingeniería en la universidad técnica NTH, hoy NTNU, todo al mismo tiempo. Cuando terminaron los exámenes, estaba a milímetros del colapso total.
Aun así, en aquel momento no aprendí lo que ese tema tenía que enseñarme. Pasé directamente a un trabajo exigente como ingeniero, lo di todo y volví a sufrir un burnout. Esa vez tuve que dejar el trabajo por problemas de salud, y fundé mi propia empresa. Esa empresa fue el comienzo de mi burnout más grave, y el último, en 2003, un burnout que estuvo a punto de costarme la vida.
El ciclo solo se detuvo cuando comprendí por qué acababa sufriendo un burnout y tuve el valor de cambiar lo que lo causaba.
Responsable de la propia enfermedad
Es fácil pensar que nosotros mismos tenemos la culpa de todo lo que ocurre en nuestro cuerpo, pero la realidad tiene muchos más matices. A menudo no eres tú la causa de la enfermedad que llevas.
Las capas de memoria del karma se componen de ocho tipos distintos de memoria. Algunos son colectivos y escapan a nuestro control: la memoria elemental, la memoria atómica, la memoria evolutiva y la memoria genética. Son huellas que heredas o que llevas como parte de la humanidad, no algo de lo que seas responsable a título personal.
La otra parte es el karma individual: la memoria kármica personal y la memoria sensorial, inconsciente y consciente. Son las capas en las que sí tienes influencia y la posibilidad de cambiar.
Por eso es un error decir que «has creado tu propia enfermedad».
Muchas enfermedades tienen causas que escapan por completo a nuestro control: factores ambientales, traumas, accidentes, estrés, infecciones, genética y contaminación. Todo esto afecta al cuerpo, queramos o no.
Por otro lado, también hay ámbitos de la vida en los que nuestras propias decisiones pueden influir. Enfermedades como la diabetes tipo 2 y algunas enfermedades cardiovasculares pueden aparecer cuando ignoramos durante mucho tiempo la necesidad que tiene el cuerpo de una alimentación sana, movimiento, descanso y equilibrio.
Pero la cuestión es esta:
La enfermedad nunca es tan simple como una culpa o un castigo.
Puede ser una compleja interacción de influencias, algunas que llevas en solitario y otras que llevas junto con la humanidad.
La duración de los ciclos kármicos
La frecuencia con la que se repite un ciclo kármico dice mucho de lo arraigado que está el tema y de cuánto afecta a tu vida.
Cuanto más corto es el intervalo entre las repeticiones, más carga generan. Si un problema de salud reaparece cada pocos meses, el cuerpo acabará quedándose sin recursos. Entonces el estrés y el desgaste pueden convertirse en una enfermedad grave. Lo mismo ocurre con los problemas económicos que vuelven una y otra vez: generan miedo e inseguridad y merman la calidad de vida. Los conflictos repetidos con las personas que te rodean te arrastran a la misma espiral.
Cuanto más tiempo pasa entre los ciclos, mejor te va. Cuando un ciclo kármico está sanado, como mucho se repite cada 11 o 12 años. Eso corresponde al ciclo de las manchas solares del propio sol, uno de los ritmos más fundamentales de la naturaleza. El sol es nuestro dador de tiempo (zeitgeber) más importante, el ritmo del que depende toda la vida en la Tierra. Una persona que vive en armonía con este ciclo vive en equilibrio, y en una resonancia más profunda consigo misma y con el mundo.
Por eso el objetivo es acompasar los ritmos de la vida con nuestro mayor y más importante dador de tiempo cósmico: el sol.
Cuando los ciclos kármicos pierden el compás de este ritmo, aparece el estrés. Y cuanto mayor es el desajuste, más fuerte es el estrés. Encontrarás más sobre esto en el artículo «El arte de vivir según los ritmos saludables de la naturaleza».
Cuando los ciclos kármicos llegan cada vez más seguidos, perdemos poco a poco el equilibrio. Si un ciclo se repite cada seis meses, te encuentras en una situación vital de considerable desequilibrio psíquico y emocional.
Y cuando la vida está gobernada por el ciclo kármico más corto, el ciclo diario de unas 24 horas, el cuerpo y la mente se ven empujados a un estado en el que necesitas ayuda profesional inmediata. Entonces tanto el sistema nervioso como el alma piden a gritos apoyo, estabilización y sanación.
El sol representa el ciclo natural y sanador más importante, del que depende toda la vida en nuestro planeta. Una persona que vive en armonía con el ciclo solar tiene una vida en equilibrio.
Pål-Esben Wanvig
Cómo sanar tus ciclos kármicos
Uno de los objetivos del profundo camino de desarrollo chamánico primordial que ofrezco a través de la Escuela Chamánica Yggdrasil es ayudar a las personas a recuperar el ritmo, al compás de los grandes ciclos de la naturaleza, y en especial del pulso de 11 a 12 años del sol. Esto se consigue tanto con cambios muy concretos y prácticos en el día a día como con una magia chamánica avanzada que permite sanar algunas de las capas más complejas de karma cristalizado.
Cuando entras en resonancia con estos ritmos profundos, surge un equilibrio natural. Ya no tienes que dedicarte a «apagar incendios kármicos», a lidiar con crisis, caos y problemas nuevos que aparecen antes de que te dé tiempo a recuperarte. En cambio, liberas tiempo, energía y espacio interior para todo lo que de verdad importa para ti y para tu alma. Cosas que te nutren. Que te inspiran. Que te elevan.
No veo el karma como un castigo, sino como un guía, una brújula silenciosa que señala los temas de aprendizaje que el alma desea explorar en esta vida. Antes de poder sanar un ciclo kármico, primero tenemos que descubrirlo. Tenemos que ver el patrón. Reconocer las repeticiones. Entender la historia que intenta contarse.
Algunos ciclos kármicos son fáciles de descubrir, casi como una luz que parpadea. Otros están más ocultos y hace falta una mirada despierta para sacarlos a la luz. Por eso puede ser de un valor incalculable contar con la ayuda de un guía espiritual, un maestro o un terapeuta con la preparación adecuada, que pueda ayudarte a identificar tus ciclos kármicos y mostrarte cómo trabajar con ellos de forma segura y constructiva.
Una vez que eres consciente de un ciclo kármico, el siguiente paso es encontrar tus temas de aprendizaje:
- ¿Qué te invita a aprender tu alma?
- ¿Qué tienes que cambiar o soltar en tu vida para que este patrón no continúe?
- ¿Qué nuevas acciones pueden favorecer el crecimiento, la sanación y el equilibrio?
Cuando respondes a estas preguntas, empiezan el crecimiento, el aprendizaje y el desarrollo, de forma gradual pero con gran fuerza, y se abre un camino nuevo. Un camino que te aleja de la repetición y el sufrimiento y te lleva a casa, a más libertad, claridad y paz interior.
Veo el karma como un guía que nos ayuda a identificar los temas de aprendizaje importantes y los deseos de crecimiento que el alma trae consigo a esta vida.
Pål-Esben Wanvig
La base de los procesos de crecimiento y aprendizaje
Este es el fundamento mismo de los procesos de crecimiento y aprendizaje que anhela el alma. Cuando escuchas esos procesos, cuando los escuchas de verdad, la vida se abre. Pero cuando los ignoras, ocurre lo contrario: la presión kármica aumenta y los ciclos kármicos llegan cada vez más seguidos. Los patrones se repiten más deprisa. La inquietud crece. El estrés se acumula.
Pero cuando decides aprender, crecer, desarrollarte y cambiar lo que realmente necesita cambiar, se produce un cambio profundo:
El intervalo entre los ciclos kármicos aumenta, hasta que al final dejan de crear estrés, caos o sufrimiento por completo.
Entonces liberas tiempo, energía y espacio interior para dedicarte a procesos de desarrollo que te elevan, te inspiran y llenan tu corazón y tu alma de pasión y de alegría plena. Porque no necesitamos ciclos kármicos dolorosos para crecer. El crecimiento también puede producirse a través de la alegría, la comprensión profunda, la curiosidad y la inspiración, como ocurre en el camino hacia la iluminación espiritual y la autorrealización. Lee los artículos sobre El Camino Chamánico Primordial hacia la Unidad y la Iluminación Espiritual.
Si te fijas en los tres ejemplos de mi propia vida, la clave siempre fue la misma:
Tuve que afrontar mis desafíos y asumir plena responsabilidad por ellos, de forma consciente, honesta y con el corazón abierto, para disolver los ciclos kármicos.
El ciclo de las neumonías se detuvo cuando encontré médicos competentes en medicina funcional y, al mismo tiempo, trabajé un trauma profundo relacionado con la muerte de mi padre.
Mis dolorosos patrones de pareja cambiaron de rumbo gracias a la terapia de pareja, la orientación espiritual, un amplio desarrollo personal y una buena dosis de valor. Entre otras cosas, tuve que sanar mis propios celos enfermizos.
La historia de mi burnout, y de cómo aprendí, crecí y sané ese tema, la he compartido tanto en mis artículos sobre el burnout como en el libro de las 7 Llaves de Oro, publicado en inglés como Beyond Positive Psychology: A Journey from Burnout to Enlightenment.
Todos estos han sido capítulos importantes del viaje épico de mi alma.
Y lo mismo puede valer para ti:
Cuando entras en el proceso de crecimiento con la mente abierta y con determinación, el karma empieza a soltarse, los ciclos empiezan a cambiar y la vida te abre las puertas a algo más profundo, más libre y con mucho más sentido.
Un camino hacia una vida plena
Comprender el karma y los ciclos kármicos, y aprender a afrontarlos de forma activa y constructiva, es una de las claves más importantes para una vida con sentido, equilibrada y plena.
Para mí, el karma nunca ha sido un castigo ni una carga. Lo veo como un guía de valor incalculable, una brújula interior que ayuda a mi alma a encontrar el camino a través de esta vida y hacia las encarnaciones que vendrán. Sin esa guía, habría caminado a ciegas, sin poder entender dónde estaba ni hacia dónde iba.
Cuando colapsé en 2003, mi vida estaba gobernada por una serie de ciclos kármicos rápidos que tiraban de mí en todas direcciones. Me sentía atrapado en un patrón que no entendía, un piloto automático que no sabía cómo apagar.
Pero, paso a paso, empecé a ver las conexiones. Poco a poco fui descubriendo cada vez más de la sinfonía única que es en realidad nuestra vida, una composición compleja, hermosa y profundamente inteligente de experiencias, crecimiento y un sentido más profundo.
Al principio no la vivía en absoluto como una sinfonía. Era más bien como arrastrar cien kilos de piedras a la espalda mientras subía a gatas una montaña con el viento en contra. A menudo perdía pie. Me caía. Me hacía daño.
Pero volvía a levantarme.
Y con el tiempo, el sol empezó a abrirse paso. La vida se abrió. El ritmo se hizo más claro. El camino se volvió más ligero. Y hoy puedo decir, con una gratitud que me llega hasta la raíz del corazón, que este viaje me ha convertido en un hombre libre. Vivo al compás del pulso armonioso de la naturaleza y de la sinfonía silenciosa y hermosa que hay más allá del tiempo y del espacio.
Cuando pienso en cómo podría haber sido mi vida si no me hubiera arriesgado, si no hubiera afrontado mi viaje con honestidad, valor y apertura, me recorre un escalofrío.
Nunca habría llegado a donde estoy hoy.
Por eso espero que esta introducción simplificada al karma y a los ciclos kármicos te inspire a acoger el viaje de tu propia alma, no como un concepto, sino como una elección activa.
Porque cuando, desde un lugar sincero dentro de ti, puedes decir:
«Este es mi karma».
…ya has dado el primer gran paso.
Porque entonces también estás diciendo:
«Soy responsable de sanar mi karma».
Es en ese momento cuando empieza el verdadero viaje.
Cuando dices «este es mi karma», has dado el primer gran paso, ya que con ello también dices «soy responsable de sanar mi karma». Es en ese momento cuando empieza el verdadero viaje.
Pål-Esben Wanvig
¿Quieres profundizar? En mi blog y en el pódcast El viaje hacia la autorrealización tratamos con más detalle los temas de este texto. Y si quieres recorrer el camino, empieza en la Escuela Chamánica Yggdrasil con nuestro curso gratuito en línea sobre chamanismo primordial: El camino de la naturaleza hacia la libertad y la autorrealización. Ningún camino podría empezar de forma más sencilla. Hasta dónde llega, lo decides tú.
Este contenido no sustituye la atención médica profesional de un médico u otro profesional de la salud, y no pretende ser un tratamiento médico. Si tienes una enfermedad, acude siempre primero a un médico.







