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El primer nacimiento: la mente pura original

Parte 1 de la serie de artículos «El camino hacia la iluminación espiritual», publicada en noruego en la revista Medium (n.º 2, 2024).

¿Y si todo lo que crees saber de ti fuera solo una fina capa de programación? El día en que naciste tenías una mente pura y resplandeciente. Sin pensamientos. Sin preocupaciones. Solo presencia pura y alegría.

Entonces ocurrió algo.

Año tras año, esa conciencia clara se fue llenando de las reglas, las opiniones y las expectativas de otros. Capa sobre capa. Hasta que olvidaste quién eras en realidad.

Hoy, la mayoría vivimos en un estado zombi. La rueda del hámster gira en piloto automático. Hacemos lo que «debemos» hacer y pensamos lo que «debemos» pensar, sin preguntarnos qué queremos en realidad.

Pero hay un camino de regreso. Empieza por comprender lo que nos ocurre desde el nacimiento hasta la edad adulta, y cómo puedes empezar a revertir el proceso.

¿Qué es la iluminación espiritual?

En nuestra eterna búsqueda de sentido, a menudo nos encontramos con los conceptos de «iluminación espiritual» y «despertar espiritual». Una meta que parece tan esquiva como codiciada. Pero ¿qué significa en realidad? ¿Y por qué las personas de todas las culturas y de todas las épocas anhelan esta experiencia?

Son preguntas que yo mismo me hice al comienzo de mi propio viaje de desarrollo. Como ingeniero, no estaba precisamente predispuesto a las experiencias místicas. Todo lo contrario. Desconfiaba de todo lo que no se pudiera medir y pesar. Pero entonces llegó el burnout de 2003, una experiencia que puso mi vida patas arriba y me obligó a explorar aspectos de la realidad que nunca antes me había tomado en serio.

La iluminación suele describirse como una comprensión completa. Armonía con todo lo que es. Un estado más allá del tiempo y del espacio. Los caminos que llevan a ella son tantos como las personas que buscan: la paz profunda de la meditación budista, la unión extática con lo divino de los sufíes, el satori repentino del budismo zen, la transformación gradual del chamán a través de la naturaleza.

El anhelo de iluminación ha llevado a muchas personas a emprender grandes viajes. Para descubrirse a sí mismas. Para crecer más allá de sí mismas. Para comprender una realidad que está mucho más allá de lo que la conciencia cotidiana puede abarcar.

Esta serie sigue el camino hasta allí, hasta lo que los chamanes llaman «la muerte chamánica». La expresión puede asustar, pero la muerte chamánica no es una muerte física. Es el final de una manera de ser y el comienzo de otra completamente nueva.

Te invito a acompañarme en este viaje. Puede cambiar tu manera de ver el mundo y tu manera de vivir en él. No porque yo tenga todas las respuestas, nadie las tiene, sino porque yo mismo he recorrido este camino y he visto lo que es posible.

La mente pura original

El camino hacia tu propio centro requiere valor. Hace falta la voluntad de cuestionar todo lo que has aprendido. Todo lo que crees saber de ti. Del mundo. De la realidad. No es fácil. Exige que sueltes creencias a las que quizá te has aferrado toda la vida.

Pero la recompensa es enorme. En esta exploración no solo encuentras lo que de verdad eres. Encuentras una fuente de sabiduría y alegría ilimitadas. Una fuente que siempre ha estado ahí, pero que ha permanecido oculta tras capa sobre capa de creencias y limitaciones aprendidas.

El día en que naciste, la naturaleza te dio algo de un valor incalculable. Un estado inocente y puro. Un lienzo en blanco de conciencia. Llegaste a este mundo sin una sola idea sobre quién eras, en qué te ibas a convertir o qué esperaban los demás de ti.

Un ser lleno de vida. Sin pensamientos. Sin improntas. Solo alegría pura, vitalidad y alegría plena. ¿Alguna vez has observado a un recién nacido? La presencia total. La apertura sin reservas. La alegría natural que le brilla en los ojos.

Este es el estado fundamental de la vida. Un estado de alegría profunda que siempre está ahí. Debajo de todo lo demás. Debajo de las preocupaciones, la planificación, la ansiedad y el estrés. Es lo que queda cuando se limpia toda la carga.

Es fácil creer que la felicidad es algo que tenemos que alcanzar. Algo por lo que hay que trabajar, que hay que merecer, que hay que ganar. La experiencia muestra lo contrario. La felicidad y la alegría son nuestro estado natural. Lo que llamamos «infelicidad» es lo que se va poniendo encima: capa sobre capa de miedo, preocupación y creencias limitantes.

Tu primer nacimiento

La mente con la que naciste no estaba vacía, sino pura. Llena de conciencia, pero sin los filtros que más tarde darían forma a tu manera de percibir la realidad.

Esta conciencia que habita en ti, y que da vida a tu cuerpo, está en todo lo que vive. Es la esencia de la vida. Es la misma conciencia que late en los árboles, en los animales, en el mar, en las estrellas. No somos seres separados que por casualidad se encuentran en un universo. Somos el universo experimentándose a sí mismo.

Llegamos a este mundo sin prejuicios. Sin opiniones preconcebidas. Sin el ruido del ego. Esa es nuestra forma natural: la vida vivida de manera directa, inmediata, sin filtros.

No somos seres separados que por casualidad se encuentran en un universo. Somos el universo experimentándose a sí mismo.

Pål-Esben Wanvig

Este nacimiento, lo que yo llamo el primer nacimiento, ocurre de forma inconsciente para la mayoría. No elegimos conscientemente nacer. No recordamos el proceso. Despertamos poco a poco a la conciencia sin entender de dónde venimos ni por qué estamos aquí.

En nuestra tradición chamánica entendemos que este nacimiento está gobernado por disposiciones del alma y tendencias kármicas. Traemos algo de antes. No recuerdos concretos, sino patrones, inclinaciones y temas sin resolver que esperan completarse en esta vida.

No es misticismo por el misticismo, sino una perspectiva que nos ayuda a entender por qué somos como somos. Por qué aparecen ciertos desafíos en nuestras vidas. Y cómo podemos trabajar conscientemente con estos patrones para liberarnos de ellos.

El primer nacimiento: la mente pura original

Cómo te moldearon

Cada brizna de hierba tiene suficiente conciencia para seguir al sol a través del cielo. Cada hoja de un árbol es consciente. Allí donde hay vida, hay conciencia. Y donde hay conciencia, hay vida. Esto no es poesía. En nuestra tradición es una experiencia fundamental.

Pero entonces te ocurrió algo.

Con el tiempo se construye un ego que afirma ser el «yo». Un ego que finge ser tú, todo el tiempo, durante el resto de tu vida.

Pål-Esben Wanvig

Cuando tenías cinco, seis, quizá diez años, las personas a tu alrededor empezaron a llenar esa conciencia clara. Con palabras. Reglas. Lenguaje. Normas sociales. Cultura. Tradiciones. Religiones. Opiniones. Prejuicios. Todo esto fluyó hacia ti, día tras día, año tras año.

Son las herramientas que necesitamos para sobrevivir en la sociedad. Sin lenguaje no podemos comunicarnos. Sin normas sociales, la sociedad se derrumbaría. Sin cultura no tenemos un marco de referencia común. Todo esto es necesario. Pero también crea los cimientos del ego.

Con el tiempo se construye un ego que afirma ser el «yo». Un ego que finge ser tú, todo el tiempo, durante el resto de tu vida. Ocupa tanto espacio que olvidas que existe algo más.

El ego está hecho de las reglas de otros. De las opiniones de otros. De lo que está bien y lo que está mal. De cómo debes comportarte. De lo que debes pensar. De lo que te debe gustar y lo que no. De quién debes ser y quién no.

A los doce años no tienes ni idea de dónde vienes. De que la conciencia te llena. No tienes ninguna noción de lo que eres de verdad, en tu origen. Crees que tus pensamientos son tú. Que tus sentimientos son tú. Que tus opiniones son tú.

Con el tiempo, este aprendizaje eclipsa por completo la pureza original. Empezamos a identificarnos con un «yo» creado por improntas, experiencias, educación y las expectativas de otros. Y olvidamos quiénes somos en realidad.

No ocurrió porque alguien quisiera hacerte daño. Padres, maestros, la sociedad: todos hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas que tenían. Pero el proceso tiene un precio. Y ese precio lo pagamos cada día, a menudo sin saberlo.

Las consecuencias

Las consecuencias son fáciles de ver. Solo tienes que abrir los ojos.

Las enfermedades crónicas se disparan. Depresión. Ansiedad. Burnout. Desesperación. Estrés crónico. Y eso a pesar de que tenemos más abundancia material que cualquier generación anterior. Vivimos más años, tenemos mejor salud sobre el papel, más comodidad, más entretenimiento, más de todo. Y aun así somos más infelices que nunca.

¿Por qué? Porque hemos perdido el contacto con nuestra verdadera naturaleza. Vivimos como extraños en nuestras propias vidas, y sentimos lo que «debemos» sentir, sin preguntarnos nunca qué queremos nosotros en realidad.

Pocas veces encuentro personas adultas que amen su existencia. Que tengan una naturaleza llena de alegría. Que se despierten por la mañana llenas de gratitud y alegría. La mayoría se despierta con el despertador, mira el teléfono y empieza otro día en la rueda del hámster. Tareas. Quehaceres. Estrés. Reuniones. Plazos. Obligaciones. Y luego una breve pausa frente a la pantalla por la noche, antes de que todo vuelva a empezar.

Cuando pido a personas adultas que nombren diez cosas que las llenen de alegría como a un niño, pocas saben responder. El trabajo, la carrera, la productividad y los logros no cuentan. La mayoría tiene que pensarlo mucho. Muchas ni siquiera llegan a diez.

No es normal. La vida no debería ser así. Hemos aceptado una existencia que habría sido impensable para nuestros antepasados. Una existencia en la que la alegría es la excepción y el estrés es la regla.

Mi tarea en esta vida es ayudar a cambiar esto.

Hemos aceptado una existencia que habría sido impensable para nuestros antepasados. Una existencia en la que la alegría es la excepción y el estrés es la regla.

Pål-Esben Wanvig
El primer nacimiento: la mente pura original

El niño como tu maestro

La mayoría de los adultos cree que, cuando nace un niño, ha llegado el momento de ser maestros. Tenemos que dar forma a este pequeño ser. Darle conocimientos. Enseñarle cómo funciona el mundo. Prepararlo para la vida.

Pero cuando un niño llega a tu vida, no es el momento de enseñar. Es el momento de aprender.

Mírate a ti y mira a tu hijo. Con sinceridad. ¿No está el niño mucho más lleno de alegría que tú? ¿No está mucho más presente en el momento? ¿No está mucho más abierto al milagro de la vida?

Quizá tu vida era un estado zombi antes de que llegara esta pequeña fuente de alegría. Día tras día en la misma rutina. Los mismos pensamientos. Las mismas preocupaciones. La misma sensación de que falta algo.

Pero cuando un niño llega a tu vida, no es el momento de enseñar. Es el momento de aprender.

Pål-Esben Wanvig

Entonces llegó el niño. Y de repente pasó algo. Ahora ríes. Cantas. Juegas. Gateas por el suelo. Haces cosas que no hacías desde hace décadas. Sientes cosas que habías olvidado que podías sentir.

La vida se despliega gracias a ellos. No gracias a ti. Te devuelven algo que habías perdido. Te recuerdan quién fuiste una vez. Quién sigues siendo, en lo más hondo.

Puedes enseñar al niño a sobrevivir en el mundo material. A atarse los zapatos. A leer y escribir. A comportarse en situaciones sociales. Es un conocimiento importante.

Pero el niño entiende más sobre la vida misma a través de su experiencia directa que tú a través de todos tus conceptos y teorías. El niño sabe lo que se siente al estar plenamente presente. Tú lo has olvidado.

Quizá sea buena idea aprender de ellos qué es la vida. Y no al revés.

Revertir el proceso: el camino de vuelta a ti

¿Quieres recorrer un camino espiritual auténtico? ¿Encontrar el camino hacia tu naturaleza verdadera, pura y atemporal? Entonces tienes que revertir el proceso que te ha traído hasta aquí.

Esto no significa que debas olvidar todo lo que has aprendido. Sigues necesitando el lenguaje, las habilidades sociales y el conocimiento de cómo funciona el mundo. Pero tienes que aprender a distinguir entre lo que es una herramienta y lo que eres tú.

Hoy solo vives la parte material de ti. A través de un flujo incontrolable de pensamientos y emociones. Pensamientos que te dicen quién eres, qué puedes y qué no puedes hacer, qué es posible y qué es imposible. Emociones que te lanzan de un estado a otro.

Esta parte material puede verse como un pequeño grano de arena en tu Sahara. Una parte diminuta de tu verdadera naturaleza. Todo lo que crees ser, tu cuerpo, tus pensamientos, tus emociones, tu historia, es solo un grano de arena.

La mayoría de las personas cree que el grano de arena es todo lo que existe. Viven toda su vida en ese grano de arena. Se preocupan por él. Lo defienden. Intentan hacerlo más grande, mejor, más exitoso. Sin sospechar que están rodeadas por un desierto infinito de posibilidades.

La experiencia, la mía y la de muchos otros a lo largo de la historia, muestra otra cosa. El día en que tocas tu existencia completa, tu Sahara, todo cambia. No poco a poco, sino desde la raíz. Como despertar de un sueño que no sabías que estabas soñando.

Cuando te das cuenta de que la «realidad» del ego es solo un minúsculo grano de arena, la camisa de fuerza de tu alma, vives una liberación que no puede describirse con palabras. Tienes que vivirla para entenderla.

El sufrimiento, el miedo, la frustración, la falta de sentido y la desesperanza se desvanecen como el rocío al sol. No porque los problemas desaparezcan, sino porque cambia la perspectiva. Lo que antes parecía abrumador se vuelve manejable. Lo que antes parecía no tener sentido cobra sentido.

Adquieres nuevas perspectivas sobre lo que de verdad importa. Y eres capaz de vivir de una manera mucho más amorosa, constructiva y llena de alegría. No porque te esfuerces, sino porque se vuelve natural.

La enfermedad no cesará necesariamente por sí sola. Pero el sufrimiento ligado a ella puede cesar. El dolor puede seguir ahí, pero tu relación con el dolor cambia. Ya no te tiene atrapado.

En ese estado tienes acceso a la fuente del conocimiento. Una sabiduría que está más hondo que los pensamientos y las palabras. Este conocimiento está en la conciencia con la que naciste. Guarda el conocimiento de todo lo que la conciencia ha vivido desde que el universo surgió hace 13 800 millones de años.

La enfermedad no cesará necesariamente por sí sola. Pero el sufrimiento ligado a ella puede cesar. El dolor puede seguir ahí, pero tu relación con el dolor cambia. Ya no te tiene atrapado.

Pål-Esben Wanvig

Quizá esto suene a cuento de hadas. Quizá incluso improbable. Entiendo ese escepticismo. Yo también lo tuve. Pero te invito a mantener la mente abierta. Pruébalo. Vívelo. Y saca tus propias conclusiones.

El primer nacimiento: la mente pura original

La ilusión del ego

Cuando empiezas a explorar el ego, descubres que está lleno de opiniones y emociones. Capa sobre capa de convicciones sobre quién eres y cómo es el mundo. Gran parte de esto no lo puedes controlar. Los pensamientos llegan solos. Las emociones llegan solas.

Los hábitos se fortalecen con los años. La capacidad de autocontrol se debilita rápidamente. Quizá lo hayas notado. Lo que era fácil de cambiar cuando eras joven ahora parece imposible. Los patrones han echado raíces profundas.

Entonces el ego toma el control. Un ego construido por otras personas y por la sociedad. No eres tú. Es una construcción. Un papel que has aprendido a interpretar durante tanto tiempo que has olvidado que es un papel.

Pero el ego no es un enemigo. No es algo que debas combatir, reprimir ni destruir. El ego es una herramienta necesaria que nos ayuda a orientarnos en el mundo material. Sin él no podrías desenvolverte en el día a día.

El problema surge cuando nos identificamos demasiado con él. Cuando creemos que el ego somos nosotros, en lugar de una herramienta que usamos. Entonces genera sufrimiento. Porque el ego nunca puede darnos lo que de verdad buscamos.

El ego es una herramienta necesaria que nos ayuda a orientarnos en el mundo material. Sin él no podrías desenvolverte en el día a día.

Pål-Esben Wanvig

El ego es impaciente. Está ligado a la materia, limitado por el tiempo y la muerte. Sabe, en algún nivel, que es temporal. Que un día dejará de existir. Y esa certeza lo empuja a buscar confirmación sin descanso. Nuevas garantías de que es importante, valioso, duradero.

Teme su propia disolución. Y ese miedo tiñe todo lo que hace. Todos sus proyectos, todas sus ambiciones, todas sus preocupaciones tratan, en el fondo, de sobrevivir. De perdurar.

Cuando lo entiendes, empiezas a ver el ego con otros ojos. No como un enemigo, sino como un niño confundido que necesita orientación. Un niño que ha asumido un papel que en realidad no es capaz de desempeñar.

El segundo nacimiento

En la próxima parte veremos la muerte chamánica, también llamada muerte del ego.

Es un cambio radical de conciencia, descrito en todas las tradiciones espirituales del mundo con distintos nombres. En las tradiciones chamánicas es una parte central del proceso de iniciación. Un umbral que hay que cruzar para que despierte el verdadero poder.

Este «segundo nacimiento» no es una muerte física. El cuerpo sigue funcionando. El corazón late. Los pulmones respiran. Pero aun así algo muere. La antigua identidad. La antigua manera de entenderse a uno mismo. La antigua manera de estar en el mundo.

Es una transformación profunda y consciente, a menudo exigente. Puede vivirse como algo aterrador y confuso. Todo lo que creías saber de ti se pone a prueba. El suelo que pisabas empieza a tambalearse.

Pero al otro lado espera algo nuevo. Una claridad imposible de imaginar antes de haberla vivido. Una libertad mayor que todo lo que el ego podría alcanzar jamás.

Es el paso de la ignorancia a la comprensión, de la confusión a la claridad, de vivir en el grano de arena a despertar en el Sahara. Es una condición previa para el despertar espiritual y la iluminación.

La próxima parte profundiza en este proceso: qué implica, cómo se vive y cómo puedes prepararte para él.

¿Quieres profundizar? En el pódcast El viaje hacia la autorrealización, Amina y yo recorremos el mismo terreno en forma de conversación: el episodio 27, «La iluminación espiritual: qué es y qué no es» (en inglés), y el episodio 28, «El segundo nacimiento» (en inglés). En mi blog encontrarás más artículos sobre el camino hacia la Unidad. Lee también «El karma y los ciclos kármicos pueden crear sufrimiento y problemas: así puedes romperlos y encontrar una vida con un sentido profundo» y «Aprende a amar tu karma», sobre lo que traemos con nosotros a esta vida.

Y si quieres recorrer el camino, empieza en la Escuela Chamánica Yggdrasil con nuestro curso gratuito en línea sobre chamanismo primordial: El camino de la naturaleza hacia la libertad y la autorrealización. Chamanismo, rituales y magia rúnica. Crepúsculo entre dos mundos. Ningún camino podría empezar de forma más sencilla. Hasta dónde llega, lo decides tú.

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